| CIMA | TO02 |
| Relive | https://www.relive.com/es/view/vevW5dAXPy6 |
| Reel | https://www.instagram.com/reel/DMrvVsMNXY0/?igsh=MWViczl4ajJqbXVzNQ== |
Subir el puerto del Piélago por la vertiente de Navamorcuende nos permite disfrutar de una parte final común a las dos grandes opciones que llegan hasta aquí: la que viene desde La Iglesuela y la que arranca en Buenaventura. Ambas rondan los 20 kilómetros y comparten estos últimos 9 kilómetros de ascensión, un tramo muy constante, sin rampas extremas, que se mueve en torno al 5 % de media, con kilómetros al 4,5 %, 5,9 % o 6,5 % que hacen que el puerto resulte muy llevadero.
Desde el cruce de vertientes en las afueras de Navamorcuende vamos ganando altura con calma, encadenando curvas por una carretera de montaña de dos carriles, suficientemente ancha para cruzarnos con vehículos, pero con ese encanto de vía tranquila y serrana que tanto nos gusta. El entorno es sorprendentemente frondoso para tratarse de un puerto toledano: rodamos rodeados de arbolado que aporta una sombra muy agradecida en los días soleados. No siempre es fácil identificar las especies, pero el ambiente de sierra es evidente, con el sonido de las chicharras acompañando buena parte del recorrido.
Aunque el sol pega con fuerza en verano, la combinación de la altitud, la brisa constante y las zonas de sombra hace que la sensación térmica sea bastante amable. Se nota el calor cuando rodamos a pleno sol, pero no llega a ser asfixiante ni de esos días en los que el asfalto parece derretirse. Esto, unido a la regularidad de las pendientes, permite subir con buena cadencia, manteniendo una velocidad razonable y una sensación de pedaleo fluido que muchos ciclistas agradecerán. No estamos ante un puerto de rampas demoledoras, sino ante una ascensión perfecta para disfrutar del paisaje sin ir castigados al límite.
Un aspecto práctico a tener en cuenta es la hidratación. En jornadas calurosas se agradece llevar agua fresca todo el tiempo posible. Un pequeño truco que solemos usar consiste en ir trasvasando parte del agua del bidón “normal” al bidón térmico (el de sales, metálico y con cubitos), aunque eso suponga rebajar ligeramente la concentración del isotónico. El resultado es disponer de tragos fríos durante más tiempo, algo que muchas veces reactiva más que el propio aporte de sales cuando el cuerpo empieza a notar el calor.
Conforme ascendemos, las vistas se van abriendo a nuestra izquierda hacia la inmensidad de la Sierra de Gredos, un telón de fondo que acompaña gran parte de la subida. A lo lejos se distinguen antenas en las cumbres vecinas, accesibles probablemente por pistas. No forman parte de la ruta asfaltada del puerto, pero nos recuerdan esas prolongaciones “extra” que tanto atraen a quienes disfrutan alargando las ascensiones en busca de cotas más altas.
El tráfico es escaso, algo que refuerza la sensación de montaña y tranquilidad. En general pedaleamos prácticamente solos, salvo algún vehículo aislado o, con suerte, grupos curiosos que dan vida a la carretera. En una de las pasadas, por ejemplo, coincidimos con un campamento de verano: una monitora cerraba el grupo de chavales desde atrás, animando a los más rezagados a seguir subiendo. Ese tipo de encuentros rompen la monotonía del esfuerzo y dejan estampas simpáticas en plena sierra.
A nivel de altitud, vamos sobrepasando los 1.000 metros y encaminándonos hacia la cota final del puerto, en torno a los 1.125 metros. La pendiente se mantiene muy estable en estos últimos kilómetros, con tramos al 5 % en los que se puede “soltar” un poco las piernas y dejarse llevar por el ritmo, sin sufrir cambios bruscos de porcentaje. El entorno sigue siendo muy verde, con praderas donde pastan vacas y zonas de agua que aportan un toque fresco al paisaje. Es un tramo realmente bonito, de esos en los que se agradece levantar la vista del manillar y disfrutar del entorno.
El firme en general es bueno y rodador, ideal para desarrollar una subida continua sin sobresaltos. Al llegar a la zona alta, el puerto se reconoce fácilmente por su cartel de cerámica, una placa elaborada en Talavera que le da un punto distintivo y con sabor local. Coronamos así una ascensión que, sin ser extrema ni en longitud ni en dureza, combina muy bien exigencia moderada, paisajes de montaña, sombra, poca circulación y el plus de compartir tramo final con dos vertientes distintas.
En conjunto, el Piélago por Navamorcuende es un puerto muy recomendable: perfecto para quienes buscan una subida sostenible, agradable y con ambiente de sierra, ideal tanto como objetivo principal de la jornada como encadenado con otros puertos de la zona. Os animamos a subirlo y disfrutar de este rincón serrano de Toledo, un puerto que se deja querer a golpe de pedal desde el primer kilómetro hasta su característico cartel de cumbre.

La carretera hacia el cielo en Alto da Golada

No es un efecto óptico lo de los edificios y la carretera subiendo el Tourmalet