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Subir el Cordal, también conocido como La Soterraña, es una experiencia que nos invita a disfrutar de la esencia de Asturias sin la presión extrema de su vecino más famoso. Aunque este puerto vive inevitablemente a la sombra del mítico Angliru, posee una entidad propia que merece ser recorrida con calma, especialmente por esta vertiente que sale desde la Vega Riosa. Es un ascenso que se siente muy auténtico, rodeado de una vegetación frondosa que nos protege del sol, aunque también nos recuerda la humedad característica de la zona.
Nuestra ascensión por esta vertiente menos transitada por la Gran Vuelta ha sido de unos ocho kilómetros con una pendiente media del 6%. Es un puerto muy llevadero y con un asfalto excelente, lo que nos ha permitido mantener un ritmo constante y disfrutar del paisaje. Al ser una subida bastante mantenida y sin rampas que superen el 7%, lo hemos sentido como un puerto ideal para realizar test de potencia o simplemente para ir probando las piernas y los desarrollos antes de enfrentarse a los retos más duros de la zona.
En nuestra compañía nos acompañó Marce, conocedor experto de estas rutas asturianas, quien nos comentaba que para muchos cicloturistas este puerto cumple una función estratégica. "Es un puerto clásico porque los que venimos de fuera a hacer cicloturismo y queremos subir al Angliru, normalmente nos quedamos por la zona de Pola de Lena. El Cordal te permite ir calentando un poco, viendo piernas y probando la bici para no empezar el Angliru en frío", nos explicaba mientras avanzábamos por la carretera.
A medida que ganábamos altura, los contrastes de luz y sombra y los colores del otoño —con sus marrones, amarillos y verdes— hacían la subida visualmente espectacular. Aunque es un puerto que cualquier ciclista con un desarrollo adecuado puede afrontar sin problemas, no debemos confiarnos de su regularidad. Al acercarnos a la cima, situada a unos 790 metros de altitud, la pendiente se incrementa ligeramente para cerrar la ascensión, pero las vistas hacia las crestas cercanas nos han regalado un espectáculo que hace que cada pedalada valga la pena.

Ascendiendo entre árboles hacia el Puerto de Navafría, empezamos ya altos

Escultura de Cabra en The Silent Route en Los Degollaos, Teruel