| +info | https://www.altimetrias.net/aspbk/verPuertoF.asp?id=36 |
| Relive | https://www.relive.com/es/view/vr63ejDY8dv |
| Reel | https://www.instagram.com/reel/DQI-uCmjLZC/?igsh=dXZvdDBwa2Frb2Qy |
Nos situamos en pleno corazón de los Pirineos franceses, en un cruce mítico para cualquier amante del ciclismo: a un lado la D918 nos llevaría al Col d’Aspin y, en sentido contrario, hacia Sainte-Marie-de-Campan, punto de inicio del mítico Tourmalet. Justo en este puente nace la carretera que nos lleva al Hourquette d’Ancizan, un puerto de paso que, pese a ser relativamente reciente en el Tour de Francia (se empezó a utilizar en los años noventa), se ha ganado por derecho propio un lugar en la ruta clásica de muchos cicloturistas que se alojan en la zona de Saint-Lary.
Desde el mismo desvío ya percibimos que no estamos ante un gigante extremo, pero sí ante una ascensión muy completa y con mucha personalidad. Los primeros kilómetros se encadenan con una pendiente bastante regular, siempre rondando cifras en torno al 4-7%. No faltan algunos “picos” puntuales de dos dígitos donde el porcentaje supera el 10%, con máximas cercanas al 13%, pero en general se trata de un puerto que se deja hacer con un desarrollo adecuado y sin necesidad de ir al límite si regulamos bien desde abajo.
El arranque discurre en una zona abierta de pastos, muy característica de este valle, donde el paisaje se abre y el viento puede hacerse notar. A nuestra izquierda dejamos el desvío del Col d’Aspin y también el inicio del poco frecuentado y todavía bastante desconocido puerto de Beyrède, otra joya pirenaica que, por razones difíciles de entender, se ve muy poco transitada por cicloturistas en comparación con sus vecinos ilustres. Aquí el entorno es amplio, con praderas donde las vacas pastan tranquilamente y donde el sol puede apretar en días despejados, aunque en nuestro caso no nos encontramos un calor excesivo, lo que hace la subida más agradecida.
Poco a poco vamos entrando en una zona más frondosa y protegida, un tramo realmente agradable del puerto. La carretera se vuelve más ondulada, con ligeras curvas y un trazado algo más cambiante, mientras pedaleamos acompañando el cauce de un arroyo que aporta frescor y un murmullo constante muy relajante. El asfalto es bueno y la bicicleta rueda con facilidad, ayudando a mantener un ritmo estable incluso cuando el porcentaje se sitúa de nuevo en torno al 7%. Pedalear aquí, bajo las sombras y con la presencia del agua al lado, transmite una paz especial, muy distinta a la sensación más abierta y expuesta del inicio.
A medida que ganamos altitud, la subida alterna tramos más llevaderos con otros algo más exigentes, siempre en una dinámica bastante constante, sin grandes descansos pero sin rampas extremas prolongadas. Hay un momento que muchos recordamos como uno de los más emblemáticos de la ascensión: una larga recta que primero se orienta hacia la derecha y, tras una ligera rasante, deja ver cómo la carretera se eleva hacia la izquierda. Es uno de esos puntos en los que la sensación de no terminar nunca se acentúa; el puerto se vuelve muy rectilíneo y parece que el final se aleja a medida que pedaleamos. Sin embargo, el paisaje pirenaico que se abre ante nosotros compensa el esfuerzo, con montañas al fondo entre las que destaca el Monte Corona.
En la parte final entramos en un tramo claramente más duro, donde los porcentajes se estabilizan en torno al 7-8%. Es aquí donde conviene regular bien las fuerzas, sobre todo si llegamos con las piernas ya castigadas por otras ascensiones de la zona, como el propio Aspin o el Tourmalet, con los que este puerto se combina a menudo. El viento puede soplar, a veces de cara, y aunque no suele ser muy fuerte, se nota en estas rectas largas donde la referencia visual parece no acercarse. Es una parte psicológica e intensa del puerto, en la que ayuda mucho dividir mentalmente el esfuerzo por kilómetros y aprovechar cada pequeña variación de pendiente para recuperar algo de aire.
Ya en la recta final, la carretera nos regala dos bonitas herraduras que rompen la monotonía del trazado. Estos giros permiten un pequeño respiro al cambiar la orientación y, en días calurosos, se agradece el ligero alivio térmico al girar y dejar de recibir el sol o el viento de la misma forma. La última parte mantiene una pendiente en torno al 7-8%, con sensación clara de estar ya muy cerca de la cumbre: se ve la línea de la carretera, algún aparcamiento con coches en lo alto y el paisaje se abre definitivamente, anunciando que estamos a punto de coronar.
Al alcanzar la Hourquette d’Ancizan, a una altitud superior a la del propio Col d’Aspin, la recompensa llega en forma de vistas espectaculares sobre las montañas pirenaicas que nos rodean y sobre todo el valle que hemos ido remontando. Desde arriba se aprecia perfectamente el trazado que hemos dejado atrás, las praderas, el bosque y las zonas más rectilíneas que nos han exigido un punto extra de concentración. Es un lugar ideal para detenerse unos minutos, abrigarse si es necesario y disfrutar en calma del paisaje antes de afrontar la vertiente opuesta o seguir enlazando puertos.
En conjunto, la Hourquette d’Ancizan por esta vertiente se presenta como un puerto muy recomendable, sin la fama descomunal de sus vecinos más mediáticos, pero con un encanto propio que combina perfectamente dureza moderada, regularidad, buen asfalto, entorno variado y unas vistas finales que hacen valer cada pedalada. Os animamos a incluirlo en vuestras rutas pirenaicas: es un paso perfecto para enlazar con el Aspin, el Tourmalet o las ascensiones de la zona de Saint-Lary, y una de esas subidas que dejan ganas de volver a repetirla.

La carretera hacia el cielo en Alto da Golada

No es un efecto óptico lo de los edificios y la carretera subiendo el Tourmalet