| CIMA | MA03 |
| +info | https://www.altimetrias.net/aspbk/verPuerto.asp?id=305 |
| Relive | https://www.relive.com/es/view/vZqNoDw1W3v |
| Reel | https://www.instagram.com/reel/DL4GJYwt_a2/?igsh=ZnRzc2IyeHNyaTBn |
Estamos en la vertiente madrileña del Puerto de Canencia, una subida clásica de la Sierra de Madrid e incluida en el Reto CIMA. Desde el cruce inicial nos espera una ascensión larga, con unos catorce kilómetros de recorrido y un desnivel que se acumula de forma muy progresiva, lo que convierte este puerto en una opción ideal para días de fondo, encadenados y rutas veraniegas en la sierra.
Los primeros kilómetros destacan por su suavidad. Rodamos durante buena parte de la subida con pendientes muy moderadas, por debajo del 4 %, encadenando kilómetros al 1–3 % que permiten mantener un pedaleo alegre, incluso con plato, y guardar fuerzas para la parte final. Este carácter tan llevadero hace que, hasta aproximadamente el kilómetro 10, la sensación sea casi de “prepuerto” o calentamiento, más que de una ascensión exigente.
Pronto atravesamos la población de Canencia, cruzando el río del mismo nombre. Es un tramo muy amable, con buen asfalto y un entorno cada vez más verde. La carretera va ganando ambiente de montaña, pero sin rampas serias, lo que permite buscar un ritmo cómodo, jugar con los desarrollos y disfrutar del paisaje. A medida que avanzamos, el valle se va cerrando y la carretera se encaja entre laderas, siguiendo el curso del agua que nos acompaña a la izquierda durante buena parte del recorrido.
Uno de los puntos clave de esta vertiente es la gestión del calor en los meses de verano. Pasamos por varias poblaciones con fuentes donde podemos llenar bidones y refrescarnos, algo casi obligado en días calurosos. Recomendamos llevar dos bidones: uno para hidratarnos por dentro y otro, si hace falta, para mojarnos cabeza, cuello o incluso los pies, aliviando así la sensación de calor seco tan típica de la zona centro. Los bidones térmicos metálicos, con agua o isotónico y algunos cubitos, se convierten aquí en una auténtica bendición.
El asfalto del Puerto de Canencia por esta vertiente es, en general, muy bueno. La bicicleta rueda con suavidad y eso ayuda a mantener cadencias cómodas y ritmos constantes. A lo largo de la ascensión encontramos también varias zonas de sombra, especialmente a partir de la parte media-alta del puerto, donde la arboleda protege del sol directo. Nos descubrimos, como tantos ciclistas en pleno verano, convertidos en auténticos “cazadores de sombras”, apurando la trazada a la derecha o a la izquierda según convenga para aprovechar cada mancha de sombra sobre el asfalto.
A nivel de sensaciones, el puerto se puede dividir claramente en dos tercios iniciales muy suaves y un tercio final con más entidad. Hasta mitad de subida rodamos con pendientes en torno al 2–3 %, con algún kilómetro al 5 % aislado, lo que permite avanzar bastante distancia en poco tiempo. De hecho, cuando llevamos unos diez kilómetros apenas hemos acumulado unos 240 metros de desnivel, lo que da idea de lo llevadero que es. Es a partir de ahí cuando la carretera empieza a ponerse seria.
Entramos entonces en la parte más interesante y bonita del puerto. La carretera se vuelve más frondosa, con vegetación abundante y un ambiente más fresco y húmedo. El trazado gana atractivo: dejamos atrás la rectilínea sensación inicial y empezamos a encadenar curvas y pequeños cambios de orientación, con vistas de la carretera trepando por la ladera y el valle encajado a nuestros pies. Es en este tramo donde encontramos las rampas más exigentes de la subida.
Las señales nos anuncian ya porcentajes del 10 %, y el ciclocomputador confirma rampas puntuales que llegan al 11–12 %. No se trata de un muro constante, pero sí de un kilómetro duro, con pequeñas rampas que se agarran y en el que conviene gestionar bien el desarrollo. A mitad de este tramo exigente aparece un ligero descansillo que alivia las piernas y marca la transición hacia la parte final del puerto, más sostenible pero aún con pendientes en torno al 6–7 %.
A falta de unos dos kilómetros para coronar, el puerto ofrece sus mejores estampas: mucha vegetación, sombras generosas, una sensación de frescor que contrasta con el calor de los valles y una carretera que, sin ser técnica, permite disfrutar del entorno. No faltan pequeños arroyos, fuentes a la derecha de la carretera y rincones ideales para parar a coger aire, hacer alguna foto o simplemente escuchar el agua y el viento entre los árboles.
La llegada a la zona de merenderos y al cartel de Puerto de Canencia nos recibe con ambiente de montaña tranquilo, bancos, zonas donde descansar y un entorno perfecto para reponer fuerzas antes de continuar ruta. Es un final más bien amable: aunque el Climb del ciclocomputador a veces deja de “contar” los últimos metros por ser muy tendidos, seguimos ascendiendo ligeramente hasta alcanzar el punto oficial de coronación, señalizado con el conocido cartel del puerto y un paso canadiense cercano.
El Puerto de Canencia se presta muy bien a encadenados clásicos de la Sierra de Madrid. Es habitual combinarlo con Morcuera, también incluido en el Reto CIMA, o enlazarlo con otras vertientes del propio Canencia. Por ejemplo, podemos subir Morcuera, descender hacia Miraflores y afrontar la otra vertiente de Canencia, o bien encadenar Rascafría, Canencia y después regresar por la vertiente que aquí describimos. Las posibilidades son muchas y, gracias al carácter suave de buena parte de la ascensión, es fácil integrarlo en rutas largas sin quedar excesivamente castigados.
En resumen, esta vertiente madrileña del Puerto de Canencia es un puerto muy accesible, perfecto para coger fondo, disfrutar del paisaje y acumular metros de desnivel sin sufrimiento extremo. Los primeros diez kilómetros resultan dóciles y algo insípidos desde el punto de vista deportivo, pero la parte final compensa con su belleza, sus sombras y unas rampas que nos recuerdan que estamos en plena sierra. Os animamos a subirlo, aprovechar sus fuentes y su buen asfalto, y disfrutar de una de las ascensiones más agradables y agradecidas de la Sierra de Madrid.

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