Partimos desde el nivel del mar en Funchal para enfrentarnos a uno de los retos más míticos y exigentes de Europa: el ascenso al Pico do Arieiro. Con una altitud final de 1.810 metros, nos espera un desnivel positivo de 1.800 metros que pone a prueba cualquier preparación física. Aunque la vertiente de Laí es la más conocida, hemos decidido afrontar la ruta por la vía más extrema y brutal, la Rua do Comboio (o Caminho de Ferro).
Esta variante transforma por completo la naturaleza de la subida. Al elegir este camino, recortamos unos dos kilómetros de longitud total, pero a cambio nos encontramos con un inicio vertiginoso. La Rua do Comboio, que sigue el trazado de un antiguo tren cremallera del siglo XIX, es una recta casi ininterrumpida con pendientes que rondan el 20%, llegando incluso a tener tramos intermedios que alcanzan el 21%. Es una sección donde no hay margen de error y donde el ritmo cardíaco se dispara desde los primeros metros.
Durante el ascenso, la gestión de la energía y el equipo es crítica. En una ruta con pendientes tan extremas, el desarrollo de la bicicleta se convierte en un factor determinante; un piñón pequeño puede marcar la diferencia entre mantener la cadencia o sufrir un bloqueo total de las piernas. Hemos sentido en carne propia la exigencia de este terreno, donde la gestión del peso y el control mental son tan importantes como la fuerza bruta en los pedales.
Subir por aquí no es solo cuestión de piernas, es una cuestión de cabeza. La verticalidad de la carretera, que serpentea hacia la cumbre con un esfuerzo constante, nos obliga a trabajar con objetivos cortos, segmentando el puerto para no perder la motivación ante la magnitud del desnivel. Es una ascensión que exige respeto y una preparación meticulosa para poder disfrutar de las vistas y la experiencia de conquistar uno de los puntos más altos de Madeira.

Espectaculares vistas en la carretera hacia Nufenenpass en Suiza

Cicloturísmo entre volcanes