| CIMA | LE04 |
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Nos hemos desplazado hasta la provincia de León para enfrentarnos al Sotillo de Cabrera, una ascensión que ofrece dos rutas distintas, pero que hemos decidido abordar desde la vertiente de Castroquillarme. Aunque esta vía presenta unos números aparentemente más suaves, con unos ocho kilómetros a una media del 7,2%, la realidad de la carretera nos ha exigido una gestión de la potencia muy rigurosa desde el primer momento.
El verdadero desafío de esta vertiente comienza con un primer tramo extremadamente exigente que nos lleva desde el inicio hasta el pueblo de Robledo de Sobrado. Son poco más de dos kilómetros con una pendiente media del 13%, donde hemos tenido que mantener una concentración absoluta en la gestión del esfuerzo, la cadencia y la respiración. En este sector, el asfalto es excelente y permite que la bicicleta ruede con fluidez, pero no engaña: nos hemos encontrado con rampas que han alcanzado picos del 20%, obligándonos a buscar desarrollos muy cortos para no perder el ritmo.
Tras superar este bloque inicial de unos 2,2 kilómetros, donde hemos acumulado casi 280 metros de desnivel positivo, la carretera nos ofrece un breve respiro antes de la transición hacia la otra vertiente. Es un segmento donde las vistas de la zona empiezan a abrirse, regalándonos paisajes leoneses espectaculares mientras ganamos altura hasta alcanzar la cima a 976 metros. Sin embargo, la advertencia es clara para quienes decidan venir: la dureza de los primeros kilómetros marca el tono de la subida y requiere que se llegue con las piernas bien preparadas para afrontar ese 13% constante que define este inicio.

Aparco la flaca junto al cartel de La Mesa y toca saborear los 1682 metros

El túnel promete alivio mientras subimos el Col du Lautaret